LA CUEVA DEL CHIVATO.


LUGAR: Club de lo Efímero #13. Laboratorio del Eco (@labdeleco). Lautaro Rosas 369, Valparaíso. Región de Valparaíso. Chile.




Exposición colectiva en Club de lo Efímero #13, del Laboratiorio del Eco, junto al artista Fernando Andreo Castro (@fernandoandreocastro).












"A comienzos del siglo XIX, en agosto de 1826, naufragaba la fragata estadounidense Arethusa en las costas del puerto de Valparaíso, intentando cruzar las aguas del sector Cruz de Reyes, frente a la bautizada Cueva del Chivato. El mítico lugar era llamado así por la leyenda de que en su interior habitaba un chivato (demonio), que hacía hundir las embarcaciones que se le acercaban. Lugar maldito que no solo cobijó durante años este mito, sino también fue un reconocido escondite de delincuentes, brujos y tesoros. Leyendas que terminaron con la destrucción del roquerío y la ampliación del plan urbano de la ciudad puerto hasta como lo conocemos hoy (calle Esmeralda hacia el mar).

La República se sostiene en muchos relatos y sombras como éstas. Alegorías y metáforas que durante siglos han dado forma al paraíso y a los baluartes de su Edén. Una conquista silenciosa de imaginarios naturales, al amparo del poder, sus gobiernos, simbolismos y dogmas, que tienen un vasto recorrido de violencias ocultas en el bestiario de los símbolos patrios y la historia oficial. Coincidencia no menor la del pintor Charles Wood, quién retratara el fatal naufragio de 1826, y a la vez fuese el mismo artista que diseñara el escudo nacional, entre huemul, cóndor y un vigilante chivato.

Pero destruir una cueva nunca ha significado destruir aquello que alberga. Lo oculto no desaparece cuando se clausura su refugio: cambia de forma, encuentra nuevas grietas y reaparece allí donde el poder cree haber impuesto el orden. Cada intento por borrar un mito termina extendiéndolo; cada paisaje domesticado deja escapar nuevas formas de resistencia. 

El próximo 14 de agosto de 2026 se cumplen exactamente doscientos años del naufragio de la Arethusa. Quizás ese bicentenario no sea solo una efeméride, sino también una oportunidad para preguntarnos qué otras cuevas hemos demolido desde entonces y qué historias, cuerpos y luchas continúan emergiendo entre las fisuras de un país que, una y otra vez, intenta sepultar aquello que no logra dominar. Esta exposición invita a preguntarnos sobre esos intersticios, a interrogar el lugar de la resistencia simbólica en tiempos de oscurantismo, ecocidio y vigilancia absoluta".









































































































































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